Montes
Monte Urgull
Un lugar lleno de historia entre el mar y la ciudad
Testigo de la historia de San Sebastián
Atalaya sobre el mar y la ciudad, por las diferentes sendas que lo atraviesan podrás disfrutar de unas vistas únicas de la villa. Miradores que se esconden entre parajes arbolados que te permitirán observar Donostia/San Sebastián desde una perspectiva diferente. Un paseo que te llevará hasta la cima, donde aguardan tu llegada la impresionante estatua del Sagrado Corazón y las fortificaciones y cañones del Castillo de la Mota.
Desde ellos podrás disfrutar de la belleza de la Parte Vieja desde una perspectiva diferente. Otros te mostrarán la una de las panorámicas más fotografiadas de la ciudad con la Bahía de la Concha como escenario y el Monte Igeldo que se alza imponente de fondo.
Pero también hay miradores desde los cuales podrás disfrutar de la belleza del mar embravecido, con sus olas saltando por encima del Paseo Nuevo y dibujando un paisaje de película.
Castillo de la Mota, baluarte defensivo de la ciudad
El Castillo de la Mota guarda en su interior la Casa de la Historia de Urgull, un pequeño museo que te mostrará a través de audiovisuales, maquetas, objetos y escenografías los rasgos que han definido a los donostiarras a lo largo de los más de 800 años de historia de la ciudad.
El mejor paseo por el Monte Urgull
Cada uno de ellos esconde parajes naturales y miradores en los que disfrutarás de las estampas más bonitas de la ciudad. Pero si hay un paseo que deja entrever toda la historia que se esconde en las laderas de este monte es el que sube desde la plaza Zuloaga y baja hasta el Paseo Nuevo.
Este camino nace junto al Museo San Telmo y va ascendiendo a través de un sendero asfaltado de fácil acceso. Durante el paseo no dejes de disfrutar de los miradores que te irás encontrando por el camino. Cada uno de ellos te mostrará una panorámica diferente de la ciudad.
Una vez arriba, no tengas prisa. Disfruta del paisaje al amparo del monumento del Sagrado Corazón. Pasea entre las murallas y fortificaciones del Castillo de la Mota y viaja en el tiempo hasta 800 años atrás sumergiéndote en la Casa de la Historia.
Precisamente, el nombre le viene de aquella época militar. Entonces existía una fuente en la parte inferior de este baluarte a la que acudían las mujeres de la ciudad en busca de agua. Para acceder a ella, no existía más que un camino que atravesaba esta batería, lo que hacía que se produjeran encuentros entre soldados y mujeres. En la parte superior de la Batería de las Damas se esconde una biblioteca abierta durante la Semana Santa y los meses de verano.
En días con la mar enfurecida, desde los miradores, podrás disfrutar del baile continuo de las olas que saltan por encima del espigón, formando una de las estampas más típicas de la ciudad.
Siguiendo por este camino y antes de llegar al Paseo Nuevo nos adentraremos en un lugar envuelto con un halo de misterio: el Cementerio de los Ingleses. Sus lápidas y monumentos esconden leyendas de todo tipo que dejan a la imaginación de cada uno el verdadero origen de este pequeño camposanto.
Y así, entre leyendas y pinceladas de historia llegarás a un paseo que bordea el Monte Urgull y que te acerca al mar. El Paseo Nuevo, inaugurado en 1916, es conocido por la espectacularidad de las olas rompiendo. Así que, en los días de mar bravo, conviene pasear con un ojo mirando al mar ¡si no quieres llevarte un chapuzón!
Construcción vacía, Jorge Oteiza
No dejes de caminar por este paseo, porque en la parte más occidental, encontrarás una ventana que la ciudad abre al mar. Se trata de ‘Construcción vacía’. Una escultura creada por Jorge Oteiza, que se alza imponente y desafía al mar, jugando con las olas cada vez que estas saltan.
La obra, que fue premiada en la Bienal de Sao Paulo en 1957, es hoy día un referente en el mundo del arte contemporáneo. Lo que le convierte en un tesoro al alcance de todos.
A pocos metros del Aquarium, encontrarás el Museo Naval en cuyo interior se esconde la historia y parte del patrimonio marítimo vasco.
Y así llegamos al pintoresco Puerto pesquero de Donostia/San Sebastián donde los barcos pesqueros típicos del País Vasco descansan antes de salir a navegar, donde el mar y la ciudad se funden en uno solo.