Así se ha mantenido, guardando y escondiendo secretos y rincones mágicos, lagos y senderos que te hacen sentir en medio de la naturaleza estando en pleno corazón de la ciudad.
Con la visita guiada organizada a través de los parques y palacios de la ciudad, surge la oportunidad de conocer toda la historia ligada a dos de los edificios emblemáticos de Donostia, mientras se disfruta de una auténtica ruta de senderismo urbano.
Sin necesidad de coger el coche, solo las zapatillas y ropa cómoda, uno pasa de estar en pleno centro a perderse en un remanso de paz, plagado de árboles y flores.
¡Pero ojo! Hay que pararse a mirar a los lados antes de entrar. Al comienzo del barrio y entre las nuevas construcciones, uno se puede encontrar con recuerdos de la vida que albergó aquel terreno. Como un enorme depósito, perteneciente a la antigua fábrica de gas. Además, ¿sabíais que esta zona era una vaguada por la que bajaba el agua a la ciudad?
Esta es una de las curiosidades que nuestra guía Amaia nos fue descubriendo a lo largo de nuestra aventura. Una aventura en la que a lo largo de dos horas y media, nos fue trasladando desde la sociedad y espacio actual hasta la Donostia de caseríos y palacios.
Es atravesar el umbral de la verja, y levantar el pie del asfalto y uno se encuentra con un camino que, sin ser de baldosas amarillas, te transporta a un ‘txokito’ de cuento.
A medida que se va subiendo se puede disfrutar de la sombra que ofrecen los enormes árboles que parecen cuidar del parque.
Los más de 20 años de experiencia de nuestra guía nos ayudaron a conocer más sobre ellos, desde su procedencia hasta la forma de diferenciarlos por sus hojas.
Y tras disfrutar de la naturaleza con la vista, el olfato y el tacto, dejamos descansar esos sentidos para agudizar el oído y sumergirnos en la historia del Palacio de Aiete.
Frente a nosotros, apareció de entre las hojas una gran palacio blanco, residencia durante algunos veranos de la reina María Cristina, y lugar en el que se alojaron personajes históricos como Isabel II, Alfonso XII, Alfonso XIII o la monarca británica Alejandra Victoria.
A escasos metros del palacio, se ubica la parroquia de Aiete,donde la reina María Cristina acudía a misa con asiduidad. Otra de las curiosidades que descubrimos sobre ella, es su pasión por el euskera. Se dice que gracias a la relación que mantenía con el ‘apaiza’ (párroco) de la parroquia de Aiete, a cuyos oficios asistía, se inició en el euskera, hasta toparse con el Nor Nori Nork, lo que le hizo desistir en su intento y pronunciar una frase que pasaría a la historia… ¿La conocéis?
El dictador Francisco Franco también veraneó durante varios años en el Palacio de Aiete, edificio que hoy en día se ha reconvertido en Casa de la Paz y los Derechos Humanos, y en el que se celebró la Conferencia Internacional de la Paz para la resolución del conflicto vasco.
Un traguito de agua y cruzamos Aiete para enfilar el camino al Palacio de Miramar.
Una vez en nuestro destino, nos volvimos a topar con el inconfundible trabajo de Pierre Ducasse. Si no conocéis este nombre, os recomiendo que lo apuntéis. El parque de Cristina Enea o los jardines de Alderdi Eder, entre otros, son algunos de los trabajos que también cuentan con su firma y exquisito estilo.
En este caso, encontramos otra de las joyas de la corona de la villa, el Palacio de Miramar. Este palacio fue construido a petición de la reina María Cristina como su residencia estival, y tanto ella como la corte real lo disfrutaban cada verano desde que se construyó hasta su fallecimiento.
