Salimos desde la parada oficial, que está justo delante del teatro Victoria Eugenia, con lo que ya, antes de empezar la ruta, tienes la oportunidad de ver de un solo vistazo edificios emblemáticos como el hotel María Cristina, el teatro Victoria Eugenia o el palacio de congresos Kursaal diseñado por Rafael Moneo.
La primera parada del recorrido se encuentra en el Paseo Nuevo. Allí pudimos ver la ciudad desde una perspectiva muy interesante, en la que la Isla de Santa Clara se solapa con el Monte Igeldo. Esta parada puede dar mucho juego ya que te deja en un punto estratégico de la ciudad. Además de contemplar la escultura de “Construcción Vacía” de Jorge Oteiza, puedes subir al monte Urgull, desde donde disfrutar de una panorámica 360º de la bahía, caminar unos pasos y ver, al otro lado del monte Ulía, la playa de La Zurriola. También puedes pasear por el monte y descubrir los antiguos cañones, el fuerte y el cementerio de los ingleses, entre otras maravillas.
También puedes ir al Aquarium, un plan que con los niños hay que hacer sí o sí… no hay más que ver cómo disfrutan los más pequeños viendo todas las especies marinas. Y los mayores. Está considerado uno de los más espectaculares de Europa, tiene hasta un túnel de 360 grados, que puedes atravesar rodeado de tiburones, rayas y un montón de especies. Y efectivamente, merece su fama.
Seguimos nuestra ruta encantados con lo que íbamos viendo, aprendiendo y entendiendo. A pesar de ir recorriendo una ciudad con muchos años de historia sorprende su modernidad, y es que, como cuentan en la audioguía, Donostia ha sufrido hasta 11 incendios a lo largo de su existencia, lo que la ha llevado a vivir una renovación constante.
Recorrer el río Urumea, en la parte de arriba del bus descapotable con el buen tiempo que tuvimos, fue toda una delicia. Fuimos de puente a puente, identificando cada uno de ellos, su historia, características y por supuesto nombre. Me llamó la atención descubrir que el río nace en la provincia de Navarra, con 40 km hasta desembocar en San Sebastián. De hecho, en la antigüedad fue el puerto del reino de Navarra, y en la Edad Media fueron famosos los astilleros instalados en sus márgenes, donde se construyeron las principales naves de la Armada Invencible.
Con el bus cruzamos también el río para descubrir barrios como el de Gros, en las faldas del monte Ulía y con el Kursaal en uno de sus vértices. Fuimos subiendo y bajando del autobús, a nuestro ritmo, aprendiendo y disfrutando de todos sus rincones. Y para coronar la jornada, nos adentramos en los bares de Gros, y atacamos los deliciosos pintxos de sus barras…¡Que nos lo teníamos bien merecido!
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