Olentzero es un personaje mítico de Euskal Herria, con aspecto de carbonero del bosque, que baja de la montaña cada 24 de diciembre para repartir regalos por los pueblos. Tradicionalmente se le representa como un hombre gordo, con la cara sucia de carbón, llevando puesta una boina y con una pipa en la mano.
Para la mayoría de los investigadores, el sentido más profundo de Olentzero se encuentra en el solsticio de invierno, justo en el momento en que el sol “vuelve a nacer” y el día comienza a estirarse poco a poco. Representar a Olentzero como un hombre viejo, sucio y manchado de carbón indica el año viejo: el ciclo está agotado, envejecido, y Olentzero baja al pueblo por última vez. El cristianismo adaptó esta costumbre, dando a Olentzero la función de mensajero del nacimiento de Jesús.
El origen del Olentzero, por tanto, es anterior a la cristianización del País Vasco, vinculado a las celebraciones del solsticio de invierno. En la mitología vasca, algunos gigantes paganos llamados gentiles vivían en las montañas, al margen de la sociedad, realizando duros trabajos físicos (carboneros, canteros…), y muchas veces se muestran como el símbolo de viejos tiempos. Muchos investigadores explican a Olentzero como una versión cristianizada de uno de esos gentiles: el gran gigante u hombre que vive solo en las montañas, que representa el viejo mundo y desaparece con la llegada de la nueva fe.
Como decíamos, al principio, el Olentzero apareció como un gentil o un gigante en la mitología vasca, que infundía miedo a los niños. Pero en el siglo XX recibió la influencia de Papa Noel y los Reyes Magos, convirtiéndose en un simpático personaje que reparte regalos. En la actualidad, Olentzero es la figura central del desfile de Nochebuena. Además, ese día los grupos que cantan villancicos postulando por las calles suelen llevar una imagen de Olentzero.
Olentzero forma parte de la identidad vasca, transmite valores a los niños, y se celebra todos los años en los pueblos con desfiles y cánticos. Su variada historia y sus ritos originales demuestran la capacidad de adaptación de la cultura vasca.
Durante los siglos XIX y XX, el personaje de Olentzero ha experimentado profundos cambios, adaptándose a la tradición y a la sociedad. En el siglo XIX Olentzero era un personaje terrible, salvaje y gigantesco, un carbonero tosco, borracho y a menudo utilizado para asustar a los niños; se le representaba como un muñeco y no se le consideraba un personaje agradable o entrañable.
En la segunda mitad del siglo XX se produjo un cambio notable: Olentzero se volvió agradable y cercano, como Papá Noel; comenzó a repartir regalos a los niños y su anterior suciedad y grosería fueron eliminadas del personaje. Adquirió ropas más elegantes y representó una tipología más ordenada, muchas veces con barba, aunque tradicionalmente no aparecía así. Con la secularización de la sociedad, disminuyó la influencia religiosa y el Olentzero se convirtió en un personaje cultural y popular, junto con otros elementos innovadores en diferentes localidades (por ejemplo, Mari Domingi como compañera).
En las últimas décadas, Olentzero se ha convertido también en un símbolo de las modernas fiestas de consumismo y espectáculo, con grandes desfiles y entrega de regalos para los más pequeños,